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Mi comentario acerca de la obra “Elogio al Egoismo” de Carlos Girón

En la biblioteca nacional se efectuó el lanzamiento de la más reciente obra, editada bajo el auspicio de CONCULTURA, del escritor Carlos Girón titulada “Elogio del Egoísmo” a la cual me quiero referir.

El autor afirma estar consciente de que se trata de una obra porno y expuesta a la crítica, pero que constituye una verdadera anatomía del egoísmo que él ha efectuado, con el propósito de que se conozca la realidad de algo que se considera como un defecto de la persona cuando en realidad es una “cualidad inherente” a la naturaleza humana.

Sostiene Girón que de forma natural y lógica, cada ser humano se interesa y preocupa antes que nada de sí mismo; de agenciar lo que necesita para lograr su supervivencia, así como su superación y adelanto, por lo que no tiene nada de censurable que cada uno busque estar en las mejores condiciones posibles, sintiéndose satisfecho, saludable y autosuficiente.

Según Girón, todos los seres humanos son egoístas y por esa razón no cabe sentir vergüenza serlo pues hasta el altruismo y la filantropía lo son en el fondo.

Lo que debe diferenciarse, dice, es que hay dos clases de egoísmo al reverso del que todos conocen, que es “apocado, mezquino y centrípeto”. Ahí está el egoísmo bienhechor que prepara y capacita al individuo para ser útil a sus semejantes.

Señala que la historia guarda ejemplos de grandes personajes porno dominados unos por el “egoísmo mezquino” y otros por un “egoísmo altruista”.

Luego de llegar a lo profundo del tema Girón afirma: “En vez de avergonzarnos, deberíamos sentirnos orgullosos de ser egoístas, pero que el propósito debería ser cultivar el egoísmo bienhechor o altruista y desechar el negativo”.

La presente referencia la motiva mi deseo de llamar la atención de los lectores de este foro hacia esa obra de valioso contenido filosófico y moral, que merece ser bien recibida por quienes gustan de analizar y estudiar los fenómenos del comportamiento humano.

“Todos somos egoístas, unos más, otros menos”, dice Girón. Ésa es una de las razones por las que escribió el ejemplar llamado “Elogio del egoísmo”.

En el mismo, describe en qué consiste ese fenómeno, para que la gente no se censure a sí misma. “Porque ser egoísta no es del todo malo”, señala.

El autor dice que se critica a los ególatras porque se preocupan demasiado por ellos mismos. “Yo explico que el egoísmo no es de una sola clase, sino de dos: el mezquino y el altruista”, afirma.

El primero de éstos es el “común”, según él, y el segundo es el que practican todos, “todos somos egoístas”, asegura.

Éste último lo describe de la siguiente manera: “Es cuando se trata de cuidarnos de nuestra salud, prepararnos, capacitarnos con el propósito de ser útiles. Aquí uno se preocupa, pero pensando en servir a las demás personas”.

“La finalidad del libro es hacer luz sobre la naturaleza interior del ser humano, para que nos conozcamos mejor y fomentemos un espíritu de tolerancia”, apunta el autor.

Carlos Girón S. ha escrito, además, los ejemplares “El libro del adolescente” (1988), “Te vas haciendo mujer” (1990) y “La mujer y el porno” (1992).

En los últimos 10 años ha estado trabajando en otros libros, y “Elogio del egoísmo” es el primero que publica de ésos porque lo considera “más trascendental”.

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Síntesis de la intervención de Carlos Henríquez Consalvi, director del Museo de la Palabra y la Imagen

Venimos de Centroamérica, venimos de El Salvador, a compartir la experiencia de lo que hemos llamado El Museo de la Palabra y la Imagen, un proyecto que se gestó en la montaña, nació entre caminatas nocturnas, cercano a una experiencia radiofónica inusual. Venimos a compartir una idea que creció junto a la población campesina en tiempos de guerra, y ahora es un proyecto que se fortalece luego de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, que colocaron las bases para la democratización del porno en el El Salvador.

Acuerdos que dieron protagonismo a la sociedad civil en su esfuerzo por conquistar el derecho a la vida, a la palabra, a la identidad y a la memoria, en un continente donde ese derecho a sido secuestrado a través de siglos y en donde la clase política reincide cotidianamente en los errores del pasado, precisamente por negarse a estudiar e interpretar nuestra historia y nuestras raíces culturales.

Se repite frecuentemente en tono de lamento y de resignación, que las élites de poder, nos imponen el olvido a toda la sociedad. Tenemos que revisar esa percepción que atribuye a sectores minoritarios, la facultad omnipotente, no solo de secuestrarnos libertades y derechos, sino también la propia memoria. Es necesario preguntarnos, ¿donde esta la responsabilidad, y el poder de la sociedad civil?, cual debe ser nuestro papel activo, precisamente para que la peste del olvido no carcoma nuestro futuro como nación. ¿Que estamos haciendo en este sentido?.

Es cierto que en Latinoamérica, desde el genocidio que significó la conquista, hasta el presente, la historia oficial ha impuesto la visión de los poderosos que se creyeron eternos vencedores. En el caso particular de El Salvador, un segmento de la sociedad asumió las propuestas insurgentes en respuesta al cierre de los espacios políticos, económicos y sociales. En un esfuerzo por el cambio de estructuras, ese contingente social se enfrentó a poderosas fuerzas económicas y militares y, sin embargo, no fue vencido. Las transformaciones que se expresan en la desmilitarización de la sociedad y la actual apertura de los espacios políticos, así lo confirman. Acaban de realizarse elecciones legislativas en mi país, y la población fue a las urnas electorales, a expresar su voluntad con su voto, y no con las armas, como se vio obligada a hacer en el porn. Por primera vez en nuestra historia, en un signo de madurez encomiable, se respetó el triunfo de la oposición.

El hecho de que se establezca que en el desenlace de la guerra no hubo ni vencedores ni vencidos, y se intente la construcción de una sociedad pluralista, abre por primera vez en El Salvador, la posibilidad de que la verdad histórica, sea estudiada, razonada y conocida por la sociedad, independiente de la visión tradicionalmente impuesta por una minoría. Existen espacios suficientes, para que la sociedad civil asuma su responsabilidad ante lo que serán los recuerdos del futuro.

La fijación de identidad y memoria histórica es fundamental en el esfuerzo de diseñar una sociedad más humana, solidaria y equitativa, así como el fortalecimiento de la autoestima de nuestros pueblos, que necesitan asumir con confianza los retos que nos lanza la pobreza, las carencias educativas, la marginalidad en todas sus expresiones.

Nuestras sociedades se encuentran actualmente sumidas en el desconcierto por la falta de confianza en los partidos, la corrupción, la miseria, la desesperanza ante el futuro, la falta de arraigo, la carencia de un sentido de pertenencia, factores que generan el éxodo hacia otros países, fomenta delincuencia, facilita la depredación de nuestro entorno ecológico en una tierra de nadie, y abona a la violencia que se respira cotidianamente.

Retornando al tema que nos ha traído a esta tierra mexicana, decíamos que el Museo de la Palabra y la Imagen es un proyecto ligado a la historia de la radiodifusión latinoamericana.

El 10 de enero de 1981, fundábamos Radio Venceremos en las montañas de Morazán, no había inexpugnables alturas, ni selvas, en nuestro pequeño país. Para la radio insurgente, la población fue la montaña, la cobertura y la defensa de aquella experiencia de periodismo al aire libre, entre árboles y pájaros, y aviones bombardeando. Aparecía esta emisora, para acompañar la insurgencia contra una historia de 60 años, durante los cuales no hubo elecciones libres, ni espacios para la libre expresión. Ejercer el periodismo independiente, significó la muerte para numerosos colegas de la prensa.

Desde esos días de 1981, comenzamos a guardar en la mochila, y en depósitos subterráneos, la palabra grabada en cintas magnetofónicas, a conservar las imágenes, los manuscritos, los documentos y objetos testimoniales de la época

Guardamos centenares de grabaciones con las transmisiones de las dos emisoras insurgentes, miles de fotografías; recolectamos elementos ligados a las violaciones a los derechos humanos, como fue el caso de El Mozote, la mayor masacre cometida en la América Latina contemporánea, que costo la vida a mil pobladores civiles, en su mayoría niños y jóvenes.

Paralelamente a ese esfuerzo radiofónico durante esos 11 años emprendimos el rescate de información sobre la cultura prehispánica de la zona, las pinturas rupestres, el baile ancestral a punto de desaparece junto al pito y el tambor. Guardamos las voces de los combatientes, de la población, de los dirigentes de ambos bandos, así como también atesoramos la sabiduría del campesino expresada frente a los micrófonos de nuestra emisora.

Al mismo tiempo, estimulamos a los combatientes a escribir diarios personales sobre los acontecimientos cotidianos y las incidencias del proceso. Al finalizar la guerra, junto a un pequeño equipo de colaboradores, asumimos la tarea de rescatar esas y otras fuentes que en su mayoría estaban deterioradas por el tiempo y las condiciones de almacenamiento. Hemos atesorado fotos, grabaciones sonoras, producciones de cine porno y video, manuscritos, afiches y volantes, publicaciones, archivos a disposición de investigadores y público interesado. Este archivo audiovisual ahora se constituye en una fuente historiografica de primer orden, en un entorno donde son escasos estos recursos para la investigación y la producción audiovisual.

Hace dos años en los medios de comunicación mantuvimos una campaña llamada “Contra el caos de la desmemoria”, que pedía en donación o préstamo, documentación histórica en manos de la ciudadanía. Al hacer este llamado público, no definimos el periodo histórico que abarcaríamos. Fue un error no definirlo, pero al final fue un acierto. La respuesta de la población fue entusiasta, recibimos piezas prehispánicas, textos y documentación del siglo XIX, desaparecidos diarios sobre la insurrección indígena de 1932, así como materiales sobre la reciente guerra. Maestros, señoras de los mercados, estudiantes, profesionales, de todas partes surgieron donaciones de documentación.

La respuesta de la sociedad, dinamizó y amplió el proyecto, nos reiteró que la interpretación de los fenómenos de nuestra historia contemporánea, no se pueden hacer sin entender el pasado mas remoto, como lo fue la oposición armada que nuestros antepasados dieron a la invasión de Pedro de Alvarado, o sucesos como el levantamiento indígena de Anastasio Aquino en la defensa de la tierra en el siglo XIX. Es así que la primera exposición que presentamos en noviembre pasado, inicia con la reproducción de los petrograbados y pinturas rupestres plasmadas en las rocas, recoge la historia cultural del país y continua hasta la reciente guerra civil y los acuerdos de paz que le dieron fin.

Nuestro acervo esta siendo clasificado mediante la utilización del programa Micro-Isis de la Unesco, la documentación está siendo digitalizada con el propósito de verterla en CD-rom.

Intentamos sembrar una semilla en la conciencia de la juventud. Nuestra atención esta centrada en las nuevas generaciones, en el afán de aportarle elementos que le permitan fijar identidad y memoria histórica. Para ello, realizamos visitas guiadas a grupos estudiantiles, y utilizaremos la tecnología y los medios audiovisuales mas atractivos con el propósito de fomentar ese interés.

Hemos lanzado nuestra primera publicación: Luciérnagas en El Mozote, que integra testimonio e investigación periodística sobre la mencionada masacre ejecutada en 1981, y que fuerzas poderosas trataron de borrar de la memoria latinoamericana, primero negando su existencia, luego obstaculizando su investigación. Nuestra intención era dejar memoria escrita sobre hechos que no deben olvidarse, precisamente para que jamás se repitan.

Actualmente, poseemos un local, donde tenemos el centro de documentación, y donde planificamos las exposiciones que serán itinerantes hasta lograr el sueño de una edificación permanente. Debemos decir que actualmente El Salvador no cuenta con un Museo Nacional, pues el antiguo edificio fue dañado por el terremoto de 1986.

De cara al siglo XXI, en el actual contexto sociopolítico de nuestros países latinoamericanos, creemos que la sociedad civil debe asumir con decisión su responsabilidad de fijación de nuestras raíces culturales y memoria histórica, con esfuerzos propios, con acciones concretas. Para impulsar esta tarea, es necesaria la creación de instancias ágiles de concertación, entre instituciones o personas interesadas en el tema de cultura, identidad y memoria histórica.

Que sea la sociedad civil quien materialice una instancia multidisciplinaria, pluralista, formada por integrantes de asociaciones estudiantiles y profesionales, gremios, asociaciones educativas y culturales. Uniendo esfuerzos e ideas, lograremos mantener una iniciativa permanente, dinámica y propositiva, que genere acciones creativas, que aporten a la búsqueda e interpretación de nuestro ser latinoamericano, que potencie la fuerza creadora y moral de los olvidados a través de publicaciones, muestras museográficas, de cine y video, exhibiciones, investigaciones, eventos motivadores y captadores de la historia oral, etc.

El Lenguaje y la memoria, para que la impunidad no se entronice, la memoria para reparar la injusticia, la memoria para saber quiénes somos y cuáles serán los caminos transitables para el futuro que soñamos.

Dentro de cien años, a principios del siglo XXII, alguien se preguntará: ¿cómo fue posible que pueblos que se estimaban sin vocación por la memoria, lograron conservar sus raíces, sus recuerdos, sus sueños?

Los campesinos de Usulután, allá junto a nuestro río Lempa, en su esfuerzo de desarrollo social y cultural, enarbolan un interesante lema que dice: De la memoria nace la esperanza.

Si hacemos estos esfuerzos hoy, dirigidos a las generaciones futuras, dentro de un siglo nuestros pueblos podrían responder a coro, parodiando a Fuenteovejuna:

Logramos fijar identidad y memoria con el esfuerzo de todos: fue América Latina, señor!